El 12 de octubre de 1922, el Banco Central de Alemania junto al Tesoro Alemán dieron un paso inevitable en el proceso inflacionario, que empezó con el esfuerzo previo de relanzar su maltrecha economía. Algunos meses antes decidieron que lo que necesitaban era dinero fácil. Sus esfuerzos iniciales sirvieron de poco. Así que usando la teoría gubernamental de que “más es mejor” se lanzaron a crear más y más dinero.
Pero el estancamiento económico continuó y así lo hizo también la creación de dinero. Siguieron en su política de facilitar el crédito. No hubo reacción. De repente, los precios un día explotaron al alza de forma increíble (pero, por desgracia, no así la actividad económica).
Así que, este día los miembros del gobierno decidieron acoplar la realidad monetaria a la del mercado: devaluaron el marco. El nuevo valor del marco sería de 2.000 millones de dólares. Al comienzo de la I Guerra Mundial el tipo de cambio era de tan solo 4.2 marcos por dólar. Y a finales de noviembre de 1923 necesitabas 4.2 billones de marcos para adquirir un dólar. ¡En diez años la cantidad de dinero aumentó en un billón!
Números como miles de millones o billones son díficiles de captar para la mente humana. Son tan inmensos que apenas se puede uno acercar a la realidad. Hace treinta años un viejo miembro del NYSE le dijo a un joven: “Joven, ¿te gustaría tener un millón de dólares?” “Sí claro”, respondió el joven con una media sonrisa dibujándose en su cara. “Pues ahorra 500 dólares a la semana durante los próximos 40 años”. Un millón implica simplemente eso. Mil millones implicaría ahorrar 500.000 dólares a la semana durante 40 años. ¡Y…un billón te llevaría ahorrar 500 millones cada semana durante 40 años! Aún con estos ejemplos cuesta hacerse a la idea.
Para acercarnos un poco mejor a lo que sucedió con la inflación alemana podríamos empezar con un ejemplo sencillo: una barra de pan. En 1914, justo antes de la guerra, una barra de pan costaba 13 céntimos. Dos años más tarde eran 19 céntimos. Dos años más tarde ya eran 22 céntimos. En 1919 eran 26 céntimos. En 5 años se dobló el precio. Y es a partir de ahora cuando se empieza a poner interesante la historia.
En 1920 la barra de pan ascendió a 1,20 marcos, y en 1921 subió a 1.35 marcos. Para mediados de 1922 ya costaba 3,50 marcos. En 1923 se disparó el precio hasta los 700 marcos. Cinco meses más tarde se fue a 1.200 marcos. En septiembre costaba 2 millones de marcos. Un mes más tarde el precio era de 670 millones de marcos (los disturbios se generalizaron por todo el país). El mes siguiente alcanzó la barra de pan los 3.000 millones de marcos. A mediados de ese mes alcanzó los 100.000 millones. Y todo colapsó.
En 1913, la masa monetaria total de Alemania era de 6.000 millones de marcos. En noviembre de 1923, la barra de pan costaba 428.000 millones de marcos. Un kilo de mantequilla costaba 6 billones de marcos (como notará, el kilo de mantequilla costaba 1.000 veces más que toda la masa monetaria del país 10 años antes). ¿Se acuerda ahora de la foto del carrillo lleno de dinero?
¿Y cómo es posible que todo esto ocurriera? En 1913 Alemania era un país sólido, próspero, con una cultura y población avanzadas. Tras el asesinato del Archiduque Franz Ferdinand en Sarajevo en 1914, el mundo entero fue a la guerra. Todos pensaban que “los otros” no irían a ella. Y empezó la Gran Guerra.
El general aleman Staff defendía que la Guerra sería corta y fácil y que podrían financiarla sin problema con las reparaciones de guerra cuando ellos la ganaran. Por el contrario, la guerra fue larga y difícil. Perdieron, y por tanto tuvieron que pagar las desperfectos.
Las cosas no se pusieron feas al instante. Es cierto que el déficit se disparó, pero fue sufragado con las compras de bonos tanto de extranjeros como de nacionales. Todos pensaban que los déficits se liquidarían fácilmente con los superávits futuros. Pero estos nunca llegaron. El pensamiento de la época era: “Esta es una gran nación y esto simplemente será un bache económico fácilmente subsanable”.
Cuando el sistema empezó a colapsar, nadie (ningún político) se atrevió a “coger al toro por los cuernos”, es decir, a lidiar con el problema. Tuvieron miedo de que si cerraban el grifo del dinero que había drogado a la economía empezarían los disturbios, guerra civil, o aún peor, que triunfase el comunismo. Así que, aun a sabiendas de que lo que hacían era muy destructivo, siguieron con la excusa de que parar sería aún peor.
Los ahorros de la gente, de repente, no valían nada. Las pensiones se quedaron en calderilla. Si tenías unos 400 marcos de pensión, se fue en cuestión de meses, de una vida confortable a otra de extrema pobreza. La gente empezó a demandar que le pagasen diariamente para que sus salarios no se devaluaran en los días siguientes. Al final, la gente pedía que le pagasen dos veces al día. Se extendió el calentar las casas quemando, literalmente, el dinero, en vez de carbón, que era más caro.
La clase media fue destruida. Era una época en la que la mayor parte de la población vivía de alquiler. Eso llevó a que mucha gente se quedara en la calle.
Toda esperanza en los sistemas políticos y gubernamentales se desvaneció. Con una cultura y economía desintegrándose, Alemania vio en un hombre apellidado Hitler la salida a ese caos en el que se hallaba inmersa. Y vino la II Guerra Mundial.
Vamos acabando haciendo una mención a lo que dijo un hombre a los que muchos consideran (aunque probablemente incorrectamente) el padre de la moderna inflación y del gasto público: John Maynard Keynes. El dijo al respecto:
"Con un proceso continuado de inflación, los gobiernos pueden confiscar, de forma secreta e inadvertida, una parte importante de la riqueza de sus ciudadanos. A través de este método, no solo confiscan, sino que lo hacen arbitrariamente, haciendo de este proceso un empobrecimiento generalizado".
Así que, estemos atentos, y advirtamos lo que está haciendo la Reserva Federal Americana. Habría que explicarle también al Sr. Bernanke la “Experiencia Alemana” y el por qué le miraron con cara rara algunos en ese país cuando habló hace un par de años del “poder de las impresoras”. Y si todavía crees que ningún gobierno infla su moneda para eliminar su deuda échale un vistazo a lo que ha pasado en Zimbawe en el 2009 y cómo está el país hoy.
Te recomiendo vivamente "La avalancha de la deuda" de Bert Flossbach, que narra cómo en la actualidad estamos volviendo a repetir los mismos errores del pasado.
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