En este nuevo año que comienza tenemos que ir dando forma a nuestros objetivos de inversión, y para ello, analizar el panorama económico que se presenta para este nuevo año. No es este un ejercicio de adivinación, sino un análisis de las tendencias que están ya en marcha.
En primer lugar, tenemos que ser conscientes de la desconexión tan acuciada que existe entre el mercado bursátil americano -en máximos históricos- y la realidad económica del país, que dista mucho de estar en el mejor momento. Este es el principal peligro que acecha a los mercados financieros globales en este momento.
En el primer trimestre la economía americana no crecía. Si al crecimiento actual le quitamos un "pequeño" cambio contable en la forma de calcular el gasto en Obamacare, y descontamos el crecimiento de inventarios, fruto de un optimismo infundado, prácticamente la economía americana está otra vez en el duro invierno pasado. Más propaganda y engaños para despistar al personal.
A nivel global.
Junto a la recuperación más irrisoria de la historia estadounidense tenemos que destacar otros factores: la ralentización de la economía de China (que a ellos crecer un poco menos le viene muy bien, pero no así al resto) unido a una crisis inmobiliaria; un yen y un rublo desplomados; Grecia al borde de provocar otra crisis en la eurozona con el posible ascenso de Syriza; una contracción de la liquidez en los mercados emergentes; y un desplome de las commodities con el oro negro a la cabeza.
El Banco de Japón está decidido a seguir devaluando su moneda y convertirse en el siguiente "rublo ruso". Y la gran esperanza de la mayoría es que el Banco Central Europeo se una a la carrera por imprimir billetitos. A Dios gracias que Alemania recureda bien su histórica hiperinflación, y no la permitirá de nuevo.
Por tanto, el tema está en dónde pueden los inversores esconderse, o cuanto menos, cómo va a afectar que los mercados financieros se percaten de que no hay tal recuperación.
Normalmente, el desplome del precio del petróleo es un preludio de una recesión a nivel global, y no hay motivo aparente de que vaya a ser distinto esta vez. ¿Se avecina, por tanto, un nuevo crack bursátil? No lo sé, pero casi podría asegurar que tendremos bastante volatilidad.
En una recesión el efectivo es siempre el rey. Pero cuidado con el efectivo en el que te refugias.
El oro volverá a brillar.
En este escenario el oro parece que puede ser la alternativa que mejor aguante el chaparrón. Recordemos que el oro es dinero y que ha sido la divisa con mejor evolución en 2014.
En este año que ha acabado el dólar americano a sido la menos fea de las alternativas. Pero la Fed necesita desesperadamente devaluar e insuflar inflación para atajar un problema de deuda creciente, y que la deflación solo agravará.
Ante esta incertidumbre creciente y este panorama de seguir devaluando, el oro se presenta como una alternativa para diversificar la cartera muy atractiva.


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