Si crear dinero de la nada fuese la solución a nuestros problemas no haría falta trabajar, solo necesitaríamos una impresora en casa.
Sabemos que ello no funcionaría, y es debido a que el dinero no crea riqueza. Lo que crea riqueza es el trabajo y la producción.
Por tanto, esas medidas (el Quantitative Easing, palabreja
que quiere decir “imprimir billetes”) solamente son efectivas en el corto
plazo. Simplemente compran tiempo para que los políticos hagan su trabajo:
gestionar. Y ello implica que, cuando vienen mal dadas, hay que tomar
decisiones difíciles: hacer reformas estructurales.
Reformas estructurales es una de las expresiones más oídas
en los últimos años. Pero, ¿qué quiere decir?
En primer lugar, las reformas estructurales son aquellas que
mejoran el entorno económico para que las empresas tomen sus decisiones con
mayor certidumbre, mayor transparencia y mayor flexibilidad.
Seguidamente, es necesario flexibilizar los mercados de
bienes, de servicios y de trabajo, para que los recursos se asignen a las
actividades más productivas.Otra de esas reformas de la estructura de la sociedad está en relación a la Universidad. Ésta debe adaptar sus programas a las necesidades reales de la sociedad a través de una colaboración más estrecha con las empresas.
En definitiva, es una puesta al día de todos los sistemas que configuran un país:
- Reforma de la organización estatal/pública: eliminando
aquellos entes que no aportan valor al ciudadano.
- Reforma financiera: que facilite la entrada de
capitales y la libre circulación de los mismos.
- Reforma laboral: flexibilizando la relación laboral.
- Reforma energética: abaratando el coste de la misma.
- Reforma fiscal: bajando impuestos y liberar esos recursos para que sean empleados por particulares y empresas más eficientemente.
- Reforma de la seguridad: la razón de ser de una
autoridad es la protección del ciudadano, su persona y sus propiedades.
- Reforma educativa: que sea de calidad.
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